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Héctor Bianciotti
Argentina
Salmo en las calles (Fragmento)
He venido a espantaros hablándoos al oído porque Dios se ha trepado al hondo campanario del tiempo y bate sordamente la dimensión del aire:
los peces de la multiplicación mueren a diario inútilmente multiplicados, los comedores dominicales de Dios hacen su digestión charlando por los atrios, los oficinistas doblan su alma de papel y la olvidan en algún viejo saco entre sucias boletas, y yo que clamo al borde de aceras abismales buscando las antiguas almohadas de piedra y las escalas de ángeles que no ascendí, no soy más que un absurdo discurso en el pozo absoluto donde caminan astros, que pare las resecas astillas de su grito desesperando el aire con sus brazos de náufrago.
Oh andanza del hombre por la ciudad que sueña, con la sangre cruzada de tranvías chiquitos y las manos desiertas donde se adunan la tristeza y el hambre. Entre las hojas de los expedientes que paso y miro y paso, a diario se me mueren en larva quinientas mariposas.
(¡Oh duración sin término del hombre caminando, oh música impedida!) Y como un lento hilo de grasa por la espalda me recorren los lunes y todos los domingos frente a las calles muertassin palabras creo que voy a disolverme en lunes, muerto sin nombre por los abiertos corredores del lunes, del lunes hacia la semana, hacia el mes, hacia el año y otro añoamor, bodas de plata, nacimientos, cajón de pino con crespones y campanas de lunes.
Y ando, rutino, y apremiado, vencido, roto, caigo y me doy con mi cara, me encuentro y me recojo y huyo desesperadamente hacia zonas oscuras para salvarme y muero con las manos inútiles y un río dentro ahogado para siempre, un río buscamar que se extravió por los torcidos bulevares y se perdió en las vastas maderas de las oficinas. Ando, rutino, se me descuelga el alma en trapos de cocina, caigo crucificadamente, rotamente, sin un grito ni un nombre en el silencio anónimo de un traje gris con venas de ceniza.
(Algún día estaremos todos locos nosotros los pulcros desesperados de traje y corbata y estallaremos en las blancas paredes asexuadas infinitas mariposas de tinta. Entonces los largos adolescentes curvados hacia el sueño se levantarán de su horizonte de máquinas portátiles y romperán el cielo con sus almas en lanza!) Pero hoy es hoy y yo soy yo y no mañana
Y este es el tiempo de padecer.
¡Oh ciudad de los tristes de tanta sed y tanta hambre de arriba! Aquí está el bulevar con sus cajones de basura y mujeres tristísimas de night-club-taxi-hotel-llanto-cosmético, aquí los cuartos donde besé mirando sillas y cómodas opacas y rodé en un final de frustraciones hacia la cenital hondura de los nacimientos el triste amor, la pobre vida resbalada por calles de anemia, blandamente.
Ah las ventanas de los cuartos oscuros agrietados de angustia, ventanas de la huida ilusoria: un pañuelo olvidado en un alambre: mi alma transida por las azoteas donde la noche evoluciona gatos que me miran sin término.
En esta plaza huyeron de redondas las últimas naranjas y volaron los pájaros heridos de mis sueños y en aquellas esquinas me llenaron de voces y de manos pero yo no entendí, todo era tarde, porque mi corazón estaba muerto, todo yo suspendido como un Cristo sin clavos en una cruz de aire, detenido por dentro entre relojes impertérritos hasta toda la arena
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